El comienzo de la aventura

 La lluvia caía tan apresurada sobre nosotros pero era la alegría la que nos rodeaba mientras corríamos por calles desiertas, no quería perderle el paso a Irina, parecía saber algo que yo no, estaba muy entusiasmada y mis pisadas salpicaban cada vez más fuerte, era muy rápida, yo siempre perdía en nuestras carreras  sin embargo daba igual porqué parecíamos solos en esa inmensa melodía que se pronunciaba sobre nosotros, entre vientos y chaparrones.

Cuando al fin llegamos a una especie de esquina se detuvo, me miro fijamente y su sonrisa se esbozo como un día soleado, no entendía pero le devolví la sonrisa porqué era nuestro lenguaje favorito. Miré al cielo y aún las gotas caían en mi cara como una bendición, ella tomo de mi mano y me pidió cerrar los ojos, por supuesto le hice caso. ¿Cómo iba a decirle que no? Es Iri, hasta podría deducir que ella conjuro a la lluvia para que salgamos a jugar juntos. 

Ahora con mis ojos cerrados íbamos caminando más despacio y podía sentir el olor a tierra mojada muy fuerte, parecía estábamos llegando a algún lugar misterioso, el sonido de la lluvia cayendo parecía cesar y escuchaba susurrar a Iri, entramos a un sitio y el ruido de las maderas en el piso hacía eco, pero me insistía en que no debía mirar; por suerte escuchaba su risa y eso me animaba.

Misteriosamente Iri y la lluvia se callaron, de hecho todo se calló, pregunté llamando a su nombre con un poco de dudas, ella solo puso su mano en mi pelo y comenzó a despeinarme diciendo "Sos muy lindo" hasta que abrí mis ojos y me llene de asombro. Era una especie de casita de madera, la parte de adelante estaba abierta y daba a un lugar nuevo de su jardín que no conocía, era una vista hermosa, en otra pared estaban sus cuadros, sahumerios y palos santos. Conociéndola ese era su lugar en el mundo.

Mientras nos secábamos y ella permanecía en silencio me llamo la atención una pintura que había hecho, era un árbol enorme, tenia muchas mandarinas en sus ramas y parecía alzarse hasta el cielo, era digno de ser escalado como la travesía más épica que cualquier niño pudiera hacer. Voltie a verla y estaba mi querida amiga mirándome e insinuando algo, y en este punto no necesitábamos dialogo porqué ambos entendíamos lo que el otro estaba pensando.

"¿Cuando?" pregunté de una manera efusiva casi gritando, ella sonrió con calma mostrando sus hoyuelos y sacó una especie de papel de una de sus camperas. como si hubiera esperado toda la tarde el momento perfecto para hacerlo.

Irina: necesito compartir esto solo con vos
Lucas: ¿Qué me vas a decir? Estas más rara de lo normal ¿Qué secreto estas guardando?

Ella revoleo sus ojos para todos lados como si los duendes o espíritus del jardín fueran a robarnos información secreta, estampó el papel en una pequeña mesita y exclamó: "He aquí, mi querido, lo que tanto hemos anhelado".

Saco una especie de boceto todo arrugado con ciertas marcas y pequeños dibujos, "¿Un mapa?" Pregunte tan incrédulo como si nunca hubiera visto uno. "Tenés un mapa" dije con total certeza y con mis ojos saltando. Los pajaritos que estaban sobre nuestra casita de madera se fueron volando, Iri puso su dedo en sus labios e hizo como la lechuza, volvió a mirar atrás suyo y esta vez de forma muy seria comenzó a hablarme.

El atardecer entraba por la ventanita que teníamos justo a un lado lo que hacía más místico este momento de dos amigos que parecían encontrar la magia, un secreto que parecían conocer solo ellos dos en todo el mundo, como si esa sola charla resignificara el resto de sus vidas.

Iri: Es algo que empecé a soñar hace unos días, aparecía en muchísimas de mis meditaciones, tuve la obligación casi absoluta de dibujarlo.
Lucas: ¿El árbol?
Iri: Exacto, sé que ese árbol es real
Lucas: Pero hay muchos árboles de mandarinas Irina
Iri: ¡No! ¡Ese es único!
Lucas: Tenemos que encontrarlo entonces
Iri: ¡Exacto! Me ha estado llamando diciendo mi nombre
Lucas: ¿Un árbol que habla? Dale amiga, ¿No será mucho?


Los ojos color chocolate de 
Irina se iluminaron como un faro y dirigió su mirada a la ventana  mientras se escuchó un ruido muy extraño, me di vuelta lo más rápido que pude y ella guardó su boceto mágico en los bolsillos, nos quedamos absortos durante unos segundos y decidimos salir al patio nuevamente para ver que ocurría. Las plantas, hojas y flores del jardín se movían todas hacia una dirección como si alguien hubiera pasado por ahí a mucha velocidad. Nos miramos fijamente sin decir una palabra pero intuíamos lo mismo. 

Ahora que lo pienso ese patio se veía aún más grande de lo que yo recordaba, era muy verde y lleno de plantas, había unos árboles al final que parecían no dar a ningún lado, sin embargo llamaban poderosamente la atención. La tarde acostumbraba a desaparecer entre sus ramas y hojas como un ultimo suspiro antes de que salga la noche pero esta vez era diferente porqué era un día lluvioso y nublado, y no sé si fue por el extraño ruido o la increíble revelación de mi dulce amiga que parecía que había algo fuera de lo común en el aire. Me quedé hipnotizado mirando aquel rincón rodeado de árboles, la lluvia volvía a caer pero esta vez parecía abrazarnos y formar una especie de camino hacia aquel lugar.

Miré casi por ultima vez la casa de Iri o al menos sin saberlo porqué apenas me di cuenta agarró mi mano con mucha fuerza, y empezó a correr como lo hacía en nuestras carreras, no me dio tiempo ni a pronunciar una palabra. En las apuradas por no tropezarme mientras me llevaba pude ver un sombrero escondido entre las hojas, mojado y sucio, me pareció tan extraño y llamativo que lo tomé sin pensar. Pudimos ver como entrando debajo de esos dos árboles al final del jardín había una especie de cueva, era tan pequeña pero por alguna extraña razón empezamos a caer tan rápido que solo llegue a gritar "IRIIIIIIIIIIIIIIIIIIINAA!" mientras mis cachetes se inflaban con el viento de nuestra caída.

Nos abrazamos mientras gritábamos sin entender nada de lo que estaba pasando, tenia tanto miedo que no quería soltarla ni a ella ni al sombrero, que por alguna razón ya lo sentía como un amigo, sin embargo este ultimo empezó a subir debido a que no pesaba tanto como nosotros y por reflejo estire la mano para sujetarlo de una punta, lo cuál Iri hizo lo mismo en ese preciso instante; a veces era sorprendente como pensábamos lo mismo casi en simultaneo. Lejos de reaccionar como yo esperaría el sombrero empezó a estirarse como si fuera uno de esos inmensos globos en donde la gente vuela, se infló tanto pero tanto que empezamos a planear aunque justo antes de tocar el suelo escuchamos un estornudo muy fuerte, terminamos aterrizando abruptamente mientras el sombrero se posó suavemente en mi cabeza como si hubiera sido su intención verdadera.

Iri cayó sobre mi lo que provocó su risa, era como si nunca tuviera miedo y siempre fuera una aventura constante estar a su lado pero por suerte escucharla así siempre me daba tranquilidad. Frente a nosotros había una puerta, con un cristal que traslucía la luz de afuera, ambos chocamos nuestras cabezas por apurarnos a querer ver lo que había del otro lado, a veces el entusiasmo nos ganaba. Irina abrió la puerta con extrema paciencia y lentitud haciendo que mi ansiedad se dispare. Nos dimos cuenta no llovía, al menos acá porqué enseguida una luz muy fuerte nos encandiló, sin embargo resultaba que era una especie de farol, como esos que se ven en las calles.


Un nuevo mundo


Salimos poco a poco de esa especie de portal en forma de tronco de árbol, la puerta era de madera y parecía de otra época, estaba llena de raíces y enredaderas haciendo que estuviera perdida en la vegetación, al salir había muchísimas pero muchísimas plantas casi parecía un bosque aunque un silencio absoluto lo invadía todo. Ese farol parecía abandonado hace tiempo y se camuflaba entre tantas hojas, no obstante al ser de noche se tornaba un poco lúgubre. La puerta se azoto detrás nuestro haciendo que nos exaltemos y un escalofrío nos invada todo el cuerpo, ahí entendimos que no podíamos volver por el mismo camino.

Iri me miro tan segura de si misma, dibujo su sonrisa picarona y simplemente dijo "¡Vamos!"
¿Vamos? Dije sorprendido-
¡Si! y se señaló el bolsillo donde estaba ese boceto mágico.
"Me dijiste que iríamos a buscarlo" volvió a retrucar ella. 
Bueno, bueno pero ¿por dónde empezamos? Pregunté.

Parece muy oscuro este bosque pero eso hace que se puedan ver con mayor facilidad las luciérnagas, siempre son señal de buena suerte -exclamó Iri siempre tan intuitiva. Y efectivamente era cierto, había muchas libélulas e insectos volando a nuestro al rededor, hacían un orquesta sinfónica con las ranas de fondo. Ella cada tanto miraba su mapita y mientras se mordía sus labios sus ojos se achinaban y observaba lo más lejos que la noche nos permitía ver, realmente estaba decidida y eso me causaba gracia. 

Avanzamos por raíces, vegetación y algunos árboles que crecían en formas extrañas, hasta que encontramos una especie de camino de piedras bastante húmedo y deteriorado, cuando estaba a punto de llegar y pisarlo Iri me agarro de atrás y me jalo hacia el suelo, cayendo en un arbusto y quedando cuerpo a tierra. Me hizo un gesto para que me quede en silencio y de repente unas pisadas se asomaron por el camino, pudimos ver un par de ¿patas? Si, patas y eran bastante grandes, intenté mirar hacia arriba pero no pude ver los rostros de esas personas. Estaban con una especie de parkas y parecían robustos por su tamaño, llevaban una lampara con la que iluminaban el camino e iban un poco rápido, sus pasos eran enorme y hacían eco en la inmensidad de la noche. Chaplaf, chaplaf, chaplaf sonaban entre la oscuridad.

Como era la única luz que veíamos decidimos seguirlos para saber quienes eran y si podían darnos hospedaje hasta la mañana. Fuimos detrás de ellos, tomando distancia y cautela para no ser escuchados, prácticamente me sentía un investigador privado de los años 50. Llegaron hasta una especie de madriguera con mucho musgo y y raíces, miraron hacia todas partes e ingresaron sin que sospecharan que estábamos atrás, pero ahora la interrogante era ¿Cómo podíamos averiguar lo que planeaban?. Mientras hacia muecas y trataba de descifrar lo que habíamos visto, Iri ya estaba tendiéndome la mano para subirnos a uno de esos extraños árboles que daban a una de las aberturas de ese refugio.

Trepamos lo más alto que pudimos y empezamos a asomar nuestras caras para ver lo que estaba sucediendo, aparecía uno tras otro de esos encapuchados al lugar, parecía una secta o una reunión, "sospechoso" dije para mi mismo. Seguramente Iri pensaba lo mismo que yo mientras hacíamos el mismo gesto de poner la mano derecha en nuestras peras, como si estuviéramos descifrando el código Da Vinci. Luego de que terminaron de llegar tantas personas a ese lugar, aproximadamente 7 u 8 extraños, comenzó la reunión encendiendo las velas, cuando llegó el momento pudimos ver como se sacaban sus abrigos y sombreros, quedamos atónitos al percatarnos de que eran !Sapos! dijo Iri exaltada al mismo tiempo que yo lo pensé en voz alta, automáticamente tapamos la boca del otro para no ser oídos; aunque eso hizo que se alarmaran y fueron a cerrar la ventana, nosotros nos echamos hacia atrás en un estado de susto y apoyamos nuestra espalda al tronco del árbol mirándonos sin entender nada, de repente sentimos una vibración o temblor que casi nos hizo caer. Las ramas del árbol donde estábamos empezaron a retorcerse buscándonos para capturarnos, Iri la que más rápido piensa en estas situaciones me agarró de la mano e intentamos saltar lo más lejos posible pero como si fueran tentáculos de una peli de terror nos sujeto a ambos  y cuando nos dimos cuentos todos los sapos salieron de la madriguera. Nosotros caímos abrazados por las ramas sin poder hacer nada para evitarlo y las criaturas con ojos saltones y túnicas para la lluvia nos rodearon. Uno de ellos de hecho felicitó al árbol diciéndole buen chico y este ultimo se movía como cachorrito recibiendo una caricia, haciendo que las gotas de la anterior lluvia cayera sobre nosotros. ¿Era nuestro final?

Con la distracción de la lluvia pude morder las extremidades con las que nos sujetaba aquella especie de sauce y hacer que nos libere, di una voltereta sobre el suelo rodando como un ninja a la par que tomaba mi querido amigo sombrero, lo arrojé como un boomerang contra nuestros captores simulando que sabía lo que hacía, lamentablemente no sirvió de nada porque no volvió, ni si quiera se elevó pero si se estrelló con la cara de uno de esos anfibios; justo en el momento que estaba por reaccionar a tal situación, una ultima figura emergió de la madriguera atravesando la penumbra, su silueta reflejaban sombras contra la pared de proporciones gigantes como resultado de la lampara. Su presencia retumbo en el silencio absorto del lugar, ya que todos quedamos estupefactos observándolo y esperando a ver que hacia, tan solo suspiró y un olor a tabaco muy fuerte llegó hasta mi rostro, lo cual me resultaba algo familiar. Su voz tan imponente y a la vez tan cálida que parecía un abrazo nos hizo una invitación a pasar a la pequeña casa, ya que, según él la noche no era un lugar seguro para "tal pequeñas criaturas". Casi hipnotizado no pudimos rechazar su invitación era demasiado agradable y transmitía una sensación hogareña, su barba era blanca y llegaba hasta su panza, su rostro mantenía un halo de misterio ya que sus ojos resaltaban solo cuando fumaba de su pipa y sus rasgos eran casi indistinguibles como si transportara su propia sombra, su inmenso sombrero parecía guardar secretos, aunque el mío era más lindo.







Comentarios

Entradas populares