El viejo sabio
El viejo sabio
Una vez ya dentro de la casa no podía dejar intentar mirar aquel rostro de ese señor, ¿también sería un sapo? ¿quizás seria algún otro animal mágico? había algo que me cautivaba mucho, imagínate ser un niño y encontrarte con papá Noel y aunque estuviera delante tuyo no podrías creer lo que tus ojos ven, bueno algo así sentía. Sus manos se posaron en mi espalda y en la de Leti y con un gesto nos hizo sentir bienvenidos, la luz de ese hogar era muy tenue y había velas por doquier, parecía una especie de ritual. El hombre en cuestión comenzó a dialogar con todos nosotros en la habitación, aunque mis pensamientos divagaban en un sentimiento de nostalgia mezclado con un Deja Vu, lo que me desconcertó bastante mientras intentaba prestar atención lo más que pude.
Aunque nos conocimos de una manera abrupta y quizás no muy amable, los extraños seres de túnica no eran tan villanos como creíamos, se denominaban "Lyffantod" y existen hace mucho tiempo, ellos son guardianes y protectores de las plantas y árboles de este lugar, son encargados de mantener el equilibro para que todo prospere en armonía; para ellos esté es su santuario y les resultó extraño ver dos niños por estos lares. Mientras hablaban yo me sentía como cuando mis abuelos me contaban historias magnificas de fantasías y leyendas. Me gustaba estar sentado a su lado, era como una enciclopedia y hablaba como profesor de historia. Cuando se percató que yo lo observaba con tanto entusiasmo y atención volteó a verme y se acerco a mi, susurro unas palabras que no llegué a entender en mi oído y pude sentir una energía que salía por mis poros, lo sentía en todo mi cuerpo, llevé las manos a mi pecho y aparte de notar mi corazón latir me apuré en meter mi mano bajo la remera, solo para darme cuenta de que el collar que Leti me había regalado hace tiempo, ahora estaba transparente y brillando, cuando volví a verlo al sabio ya había retomado la conversación con los presentes.
Señor: Pequeñas y dulces criaturas, que dichoso pero inesperado es encontrarlos por aquí ¿puedo saber a que se debe tal honor?
Sinceramente intenté responder pero mi voz no salía, simplemente quedé en silencio. Leti hizo un gesto con sus ojos entrecerrados casi como poniéndose a la altura de la sabiduría de aquel abuelito, porqué es Leti, no se achica ante nadie, y respondió casi con absoluta confianza e ironía. "Mamá me enseñó a no hablar con extraños" El anciano se hecho a reír con una naturalidad que me hizo sentir en confianza y yo también sonreí.
Señor: Que perspicaz eres niña, tienes espíritu de aventurera por eso cada vez que te has caído y raspado las rodillas te levantas como si nada y vuelves a intentarlo ¿No es cierto Leticia?
Leti y yo luego de escuchar eso abrimos nuestros ojos como dos sapos aunque suene redundante e irónico dada la situación. Yo estaba cada vez más asombrado ¿Cómo sabía su nombre? Pero aún más intrigante era ¿Nos conoce hace tiempo? Leti tenia un rostro como si hubiera sido derrotada en su juego de psicología y sarcasmo, eso es mucho decir porque tiene un master class.
La reunión parecía llegar a su fin, pero yo tenia tantas dudas y el corazón revuelto de emociones, aún así no me animaba a hablar, lo tome de su túnica y llame su atención con tres jalones, me observó y antes de que pudiera mover mi boca él ya me respondía diciendo que su nombre era "Taid" aunque algunos lo llamaban "el Ermitaño".
Taid y su grupo nos brindaron un lugar para que podamos pasar la noche, seguía insistiendo en que no deberíamos andar solos por estos lugares y menos de noche, como si hubiera algo allá afuera, no sé.
Parecía que habían muchas cosas por acá que no querían decirnos pero lejos de preocuparme me tapé hasta la cabeza como una oruga para descansar, sin embargo Leti no tenia mucho sueño por lo que no se le ocurrió mejor idea que chistarme hasta que por fin dejé de ignorarla y me di vuelta, nos metimos bajo las sabanas y como dos niños que buscaban la magia empezamos a compartir lo sucedido hoy. Cuchichiamos muchas cosas en voz baja para no irrumpir el silencio nocturno, sus ojos brillaban y estaba tan entusiasmada y la verdad yo también, nadie me creería si le contara todo lo que vi hoy, era muy surrealista pero me sentía tan agradecido de tenerla a ella de compañera para vivir esta aventura, parecía que ambos sentíamos lo mismo porqué enseguida tomo mi mano y me hizo prometer que nada nos iba a separar, esto era en serio, había algo que no nombrábamos pero que nosotros sentíamos, éramos nuestra propia hermandad secreta. Por ultima vez miramos su mapa secreto, el que había dibujado luego de aquel sueño, yo sinceramente no entendía mucho sus bocetos pero ella me explicaba todo detalladamente, los lugares que debíamos recorrer para llegar al gran mandarinero mágico, mientras ella hablaba mis ojos se tornaban cada vez más pesados y caí presa de un profundo sueño.
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